Hace 35 años comenzó la historia de Cecodap. La formación de madres para animar a una comunidad en condiciones desfavorecidas fue el inicio. Pronto, los niños y adolescentes se vieron atraídos por las actividades y le dieron vida a la «escuelita» del barrio Ciprés, ubicado en la parroquia Macarao de Caracas.

Fernando Pereira y Óscar Misle, licenciados en Educación, son la prueba viviente de que un proyecto universitario, una tesis, es más que un requisito académico. Después de la experiencia de las Animadoras Comunitarias en el barrio, ambos crearon una metodología para replicarla. Con el aval de la Universidad Simón Rodríguez nace los Centros Comunitarios de Aprendizaje, ahora Cecodap por sus siglas.

«Toda esta historia comienza en el año 1984, cuando el trabajo en el barrio Cipres, en varios barrios pero en específico en el barrio Ciprés, para trabajar con adultos. Pero los adultos, sobre todo las mujeres, se preguntaban: ‘pero bueno, y qué hago con los niños. Dónde dejo a mis chamos, porque yo tengo que estar acá asistiendo a las actividades’», recordó Misle durante el segmento de entrevistas CecodapLive.

«Entonces una señora, muy simpática del barrio Ciprés, muy humilde, nos prestó un localcito, un pequeño espacio de la casa, para ahí tener a los niños mientras trabajaban las mujeres y hacían actividades reivindicativas. Ese era un lugar que los niños comenzaron a bautizarlo como ‘la escuelita’. Y lo que hacían era jugar, jugar en ese espacio. Y la escuelita entonces empezó a tener demanda porque no había centros de educación preescolar en la zona y sobre todo. Y cuando a los niños le preguntaban ‘dónde estudias tú’, decían ‘en una escuelita que tiene el cielo adentro’; ‘¡¿ah, sí, la escuelita tiene un patio!?’, ‘no, no. Tiene el cielo adentro’», sigue Misle.

Durante los primeros cinco años, Pereira y Misle lograron formar a más de 1.000 animadores comunitarios. No solo en Las Adjuntas, sino también en comunidades aledañas como La Acequia, Kennedy y La Charanga.

Del Caracazo a la Convención

En 1989 la convulsión social aparece en el escenario. El descontento popular se dejó ver en múltiples manifestaciones. Cecodap no se detuvo.

«Justo en ese momento comenzamos a recibir revistas, documentos, algunas informaciones sobre una convención. En ella se planteaba una nueva visión del niño, donde planteaban nuevos paradigmas. Ahí nos metimos a leer, a investigar lo que quedaba a nuestro alcance. Vino una confluencia: por un lado, nosotros diciendo qué vamos a hacer y cuál va a ser nuestro rol en el país en medio de esta crisis social; y por el otro lado, algo que nos viene diciendo que los niños no son simplemente objeto de atención, no son simplemente para que tu les des comida, vacunas o la atención, sino que, independiente de la edad que tenga es un ser con dignidad que debe ser respetado», mencionó Pereira sobre la adopción de la Convención de los Derechos del Niño por Cecodap.

Un año más tarde, Venezuela se adherió a la Convención y se comprometió a cumplir y garantizar los 54 artículos que convirtieron a los niños en sujetos de derecho. Entonces Cecodap comenzó a socializar la Convención. «De repente nos dimos cuenta que estábamos trabajando solo con adultos. Dijimos que no era posible. Los niños y adolescentes tienen que expresarse en los comité de los derechos de los niños. Entonces empezamos comenzaron a hablar en escuelas y ahí pensamos que pueden ser los muchachos los que puedan reformar leyes, reglamentos y hacer sus propuestas relacionadas con la Convención», dijo Pereira.

En este momento, Cecodap ya comenzó a aparecer como una organziación de derechos de los niños en la palestra pública.

La participación, el foco de Cecodap

¿Cómo hacer para que los niños participen? Esta inquietud generó un movimiento de formación, que ya no solo era para los adultos sino para los niños. Los fundadores querían que los muchachos tuvieran opiniones y ejercieran su derecho sin manipulación, tal como la Convención lo establece. Indagaron sobre formas de comunicar las ideas de los niños, que fuesen atractivas incluso para los medios de comunicación.

Misle recordó que la respuesta a esa pregunta fue acercarse al Congreso de la República (actualmente la Asamblea Nacional, Palacio de Justicia y las alcaldías. Cecodap quiso conocer cuál era el espacio de participación para los niños en instancias políticas. «Yo le decía a Fernando que a los dirigentes de estas instituciones les encanta la idea pero para disfrazarlos y que jugaran a ser congresistas o jueces. Pero nosotros decíamos que era para que los niños se sentaran en los curules y desde ahí le dijeran al país lo que vivían en su cotidianidad. Fue así cómo los espacios reservados para adultos, fueron tomados por los niños», dijo.

Asambleas comunitarias, cabildos, juicios y sesiones en el congreso. «Entonces comenzaron a plantear desde su municipio, por supuesto, todas las necesidades que no estaban siendo cubiertas como la educación, salud, recreación y pudieron los muchachos participar. Fue una experiencia increíble», agregó.

Puede ver la entrevista completa en el siguiente link.