Por Fernando Pereira | @cecodap | @fernanpereirav

“En una Venezuela permanentemente en crisis, donde los docentes prefieren el empleo informal o el desempleo a ejercer su profesión. Profesores abandonan las aulas y los estudiantes asisten a la escuela solo por un plato de comida. En una Venezuela en la que hace apenas un año sufrimos una crisis eléctrica que nos dejó a oscuras y con escuelas cerradas, es en la que hoy nos toca vivir otra crisis, una más. Esta vez, la cuarentena por la pandemia provocada por el COVID-19”, Marirrosa Carreras, directora del Colegio San José de Calasanz en Catia.

El Ministerio del Poder Popular para la Educación aprobó el plan preventivo y de protección denominado Cada Familia, una Escuela para ser desarrollado durante la cuarentena. El  ministerio insiste en que no se trata de vacaciones, sino que es un período para la prevención y formación. Ofrece como recurso fundamental un programa de TV en señal abierta para que las orientaciones lleguen a los hogares.

La responsabilidad fundamental recae sobre los educadores. Se pide que elaboren guías pedagógicas como estrategia de trabajo y que estén adaptadas a los diferentes niveles y realidades.

El comodín de la educación digital

Sabemos que hay mucha angustia porque algunos colegas ni siquiera tienen conexión a Internet, no tienen un teléfono inteligente o deben gastar su exiguo presupuesto en planes de datos para mantenerse comunicados. El propio ministerio señala que los canales de comunicación variarán de acuerdo al contexto y condiciones de cada territorio.

“Si se plantean las alternativas remotas, resulta que los profesores que tienen la suerte de contar con algún dispositivo electrónico, probablemente no tengan acceso a Internet, considerando que, según Yi Min Shum, Venezuela se ubica entre los 10 países con mayor decrecimiento en el acceso a Internet en 2018. Si la tienen, es tan lenta que probablemente lo único que verán de Google Classroom es una ruedita dando vueltas. En caso de que el profesor logre sortear todos los obstáculos, aparece otro problema: muchos alumnos no podrán hacer lo mismo. Pareciera entonces que la opción remota no es viable”, esta reflexión corresponde a Elías Haig, estudiante de 14 años.

Cuestiona Elías que las tecnologías y la educación se conjuguen juntas solo en tiempos donde no es posible llegar a la escuela, y no cotidianamente, como debería ser en el mundo actual.

A pesar de la circunstancias, y rompiendo toda lógica, todos los días se hace realidad el querer es poder. En esa realidad diversa podemos constatar que hay lugares donde ven el programa que está haciendo el ministerio. En otros, las maestras se comunican a través de WhatsApp y correo electrónico, como es el caso de la Escuela Básica Virginia de Andrade, un centro escolar público en Barquisimeto.

Cuarentena: jóvenes autodidactas

Algunos colegios, los menos hay que decir, utilizan plataformas creadas para la educación y que vienen utilizando.

“Nuestra Presencia Escolapia de Caracas no cuenta con el personal docente completo, ni con la plataforma tecnológica necesaria para la enseñanza a distancia. Sin embargo, cuenta con algo más importante y valioso, su gente. Personas comprometidas con la misión de evangelizar educando”, añade la directora del Calasanz.

Me impresionó el comentario de Santiago, adolescente de 14 años, quien ante la falta de orientaciones vía digital de la mayoría de sus profesores, exhorta a los estudiantes a no ser conformistas y ser autodidactas.

Los educadores tenemos sin duda un rol protagónico en estos momentos para promover la educación para estilos de vida saludables, la educación ciudadana y emocional, la resiliencia para que nuestros estudiantes salgan fortalecidos de este proceso.

A todos los colegas reiterarles nuestro reconocimiento y admiración, nuestro llamado  a que se cuiden y sigan las recomendaciones preventivas. Los necesitamos sanos.

“La Peste Negra diezmó Europa, pero llevó a un aumento demográfico impresionante producto del Renacimiento. Afortunadamente nosotros no estamos en la Edad Media y tenemos la ciencia. ¿Por qué no evitar que se diezme la población y también entrar en una etapa de luz? Abrirle las puertas al saber y crear un Renacimiento del siglo XXI, al que no le siga una Reforma?”. Nada más apropiado para cerrar que este llamado a la esperanza de Elías, voz de los niños y adolescentes en cuyas manos está el renacer de la educación y de Venezuela.

Efecto Cocuyo