¿En dónde se quedan los niños en condición de calle? ¿Qué pasa con las entidades de atención en las que se están los niños privados de su familia? Sobre estas preguntas reflexiona la organización Proadopción en su más reciente comunicado.

«Los ‘hijos de nadie’ (…) en mitad del aislamiento social no pueden estar ni les reporta beneficio alguno permanecer en los semáforos, bulevares, avenidas o centros comerciales. Ahora, su instinto y sus estrategias de sobrevivencia, los llevan a circular o deambular, entre escaleras, callejones, pasadizos y platabandas dentro de los barrios y cinturones de miseria de nuestras ciudades», exponen los activistas.

Agregan que es en estos sitios donde los niños, niñas y adolescentes encuentran un «hogar», un espacio de sobrevivencia, solidaridad, sentido de pertenencia, adultos significativos y posibilidades ciertas de movilidad social. Pero, muchas veces este entorno está rodeado de ilegalidad y violencia.

Todavía se puede encontrar a alguno deambulando en la calle. «Las autoridades en estos momentos de cuarentena, no saben en realidad qué hacer con ellos. En muchos casos, su protección o resguardo, resulta improvisado, espasmódico, forzoso y hasta violatorio de su libertad. Son trasladados a instituciones inadecuadas; incluyendo centros de cuidados residenciales, utilizados para ejecutar medidas privativas de libertad a adolescentes en conflicto con la ley penal», dice Proadopción.

Sin cuidados parentales o en riesgo de perderlos

Los que se encuentran recluidos bajo medidas de protección, administrativas y judiciales en instituciones de cuidados residenciales, entidades de atención o casas hogares permanecen  expuestos a mayores riesgos de contagio que cualquier otra persona, niño, niña o adolescente que viva exclusivamente con su familia.

Ellos sufren en este tiempo la suspensión de las actividades tribunalicias y la consecuente parálisis de sus procesos judiciales, de sus medidas de protección. Son procesos claves por medio de los cuales se determina la solución más adecuada para restituirle a cada niño su derecho a vivir en familia y egresar así de la institución de cuidados provisorios.

Lea también: Que las medidas sanitarias no violen el derecho a defender los derechos

En condiciones normales, ya ellos padecen de invisibilidad social, falta de dolientes, de defensores proactivos, retardos procesales, denegación de justicia. Hoy día, todo esto se exacerba, a propósito del Estado de Alarma decretado para la prevención de la COVID-19.

Se produce, por ejemplo, una restricción o suspensión forzosa de las visitas de sus familiares o responsables. Por eso, la organización expresa que todos ellos ameritan apoyo psicosocial para atravesar con el mínimo de trauma y daños el encierro, aislamiento y sensación de abandono.

Los dejados atrás

En Cecodap hemos hablado de que para 2019 la cantidad de niños dejados atrás ronda el millón. Proadopción hace una observación interesante: «potencialmente son niños en situación de calle».

«Niños solos, bajo el cuidado predominante de abuelos, de otros familiares, o de terceras personas. Enfrentando, la separación, la pérdida, la depresión, la escasez (…) Expuestos muchos, a pasar de un hogar a otro, a vivir relaciones con cuidadores eventuales, sin posibilidad de generar apego y compromiso para con ellos (…)», manifiesta la organización civil.

¿En dónde se quedan los niños en condición de calle? ¿Qué pasa con las entidades de atención en las que se están los niños privados de su familia? Sobre estas preguntas reflexiona la organización Proadopción en su más reciente comunicado.

«Los ‘hijos de nadie’ (…) en mitad del aislamiento social no pueden estar ni les reporta beneficio alguno permanecer en los semáforos, bulevares, avenidas o centros comerciales. Ahora, su instinto y sus estrategias de sobrevivencia, los llevan a circular o deambular, entre escaleras, callejones, pasadizos y platabandas dentro de los barrios y cinturones de miseria de nuestras ciudades», exponen los activistas.

Agregan que es en estos sitios donde los niños, niñas y adolescentes encuentran un «hogar», un espacio de sobrevivencia, solidaridad, sentido de pertenencia, adultos significativos y posibilidades ciertas de movilidad social. Pero, muchas veces este entorno está rodeado de ilegalidad y violencia.

Todavía se puede encontrar a alguno deambulando en la calle. «Las autoridades en estos momentos de cuarentena, no saben en realidad qué hacer con ellos. En muchos casos, su protección o resguardo, resulta improvisado, espasmódico, forzoso y hasta violatorio de su libertad. Son trasladados a instituciones inadecuadas; incluyendo centros de cuidados residenciales, utilizados para ejecutar medidas privativas de libertad a adolescentes en conflicto con la ley penal», dice Proadopción.

Sin cuidados parentales o en riesgo de perderlos

Los que se encuentran recluidos bajo medidas de protección, administrativas y judiciales en instituciones de cuidados residenciales, entidades de atención o casas hogares permanecen  expuestos a mayores riesgos de contagio que cualquier otra persona, niño, niña o adolescente que viva exclusivamente con su familia.

Ellos sufren en este tiempo la suspensión de las actividades tribunalicias y la consecuente parálisis de sus procesos judiciales, de sus medidas de protección. Son procesos claves por medio de los cuales se determina la solución más adecuada para restituirle a cada niño su derecho a vivir en familia y egresar así de la institución de cuidados provisorios.

Lea también: Que las medidas sanitarias no violen el derecho a defender los derechos

En condiciones normales, ya ellos padecen de invisibilidad social, falta de dolientes, de defensores proactivos, retardos procesales, denegación de justicia. Hoy día, todo esto se exacerba, a propósito del Estado de Alarma decretado para la prevención de la COVID-19.

Se produce, por ejemplo, una restricción o suspensión forzosa de las visitas de sus familiares o responsables. Por eso, la organización expresa que todos ellos ameritan apoyo psicosocial para atravesar con el mínimo de trauma y daños el encierro, aislamiento y sensación de abandono.

Los dejados atrás

En Cecodap hemos hablado de que para 2019 la cantidad de niños dejados atrás ronda el millón. Proadopción hace una observación interesante: «potencialmente son niños en situación de calle».

«Niños solos, bajo el cuidado predominante de abuelos, de otros familiares, o de terceras personas. Enfrentando, la separación, la pérdida, la depresión, la escasez (…) Expuestos muchos, a pasar de un hogar a otro, a vivir relaciones con cuidadores eventuales, sin posibilidad de generar apego y compromiso para con ellos (…)», manifiesta la organización civil.

Puedes leer el comunicado completo aquí.