Fuente original: CRÓNICAUNO. –

La crisis económica y las fallas de servicios básicos afectan la salud mental y la crianza en los hogares de miles de familias. Cecodap impulsa jornadas de acompañamiento emocional para ofrecer herramientas a padres y docentes ante la ansiedad y la violencia.

Caracas. En medio del cansancio que imponen la crisis económica y las fallas de los servicios básicos, decenas de padres llegaron al Colegio Alianza Fe y Alegría, en la parroquia La Vega, un sector popular ubicado al oeste de Caracas, en busca de respuestas sobre cómo criar sin trasladar el agotamiento y la frustración a sus hijos.

Alejandra* llegó al Colegio Alianza Fe y Alegría, ubicado en la parroquia La Vega, en busca de herramientas de crianza. No acudió sola: la acompañaba su hija de siete años. Juntas participaron en el taller “Crianza en tiempos de conmoción”

Este espacio fue diseñado para que madres, padres y representantes descubran formas de educar con respeto, incluso cuando los problemas económicos y las fallas en los servicios básicos del país imponen una pesada carga en el hogar.

Para Alejandra, la jornada realizada este viernes, 15 de mayo estuvo llena de descubrimientos. Escuchó atenta cada intervención y, por momentos, asentía mientras otras madres compartían experiencias similares a las suyas.

Desaprender

Al final, aprendió que existen formas de crianza que parecen inofensivas o incluso “actos de amor”, pero que en la adultez pueden traducirse en la validación de prohibiciones arbitrarias, limitaciones impuestas sin diálogo o explicación.

​“Es que venimos de una crianza donde nuestros padres nos enseñaron que las decisiones las toman los mayores hasta que nosotros somos grandes. Pero ahora con la charla podemos entender que el niño puede tomar sus propias decisiones”, contó a Crónica Uno

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Padres recibieron taller sobre crianza respetuosa en tiempos de crisis. Foto: Yandris Saldivia.

Estos talleres forman parte de Juntos Crecemos, un proyecto de Cecodap en alianza con A tu Salud y Granos Pantera, orientado a acercar la atención psicológica a las comunidades populares.

El objetivo es que la salud mental no sea un privilegio, sino un servicio accesible para niños, niñas, adolescentes y sus cuidadores.

Abel Sarabia, coordinador adjunto de Cecodap, afirmó que ante la falta de infraestructura y personal especializado en salud mental en zonas populares, estas jornadas permiten identificar casos críticos, brindar primeros auxilios psicológicos, una atención inicial para personas que atraviesan situaciones emocionales difíciles, y sensibilizar sobre la importancia del bienestar emocional.

“Es necesario enfatizar la necesidad de integrar la salud mental en la vida escolar, reducir el estigma y promover el autocuidado tanto en estudiantes como en sus familias y docentes. Además, es importante atender el estrés de los cuidadores, ya que su bienestar impacta directamente en el de los niños”,explicó el experto.

Salud mental en entorno hostiles 

Saraiba, quien es psicólogo de profesión, señaló que la salud mental es un tema que afecta de manera transversal a la población, especialmente a niños, niñas y adolescentes, debido a la vulnerabilidad y a la condición de dependencia, porque gran parte de sus decisiones y rutinas dependen de adultos, que muchas veces tienen de sus entornos familiares y escolares.

Para Saraiba, el bienestar emocional de un niño depende intrínsecamente de su entorno. Los niños requieren adultos receptivos, con capacidad de contener, orientar y ayudarlos a regular sus emociones, comprenderlas y manejarlas de manera saludable, frente a las exigencias de la vida cotidiana.

Sin embargo, advirtió que la crisis emocional que atraviesa el país impacta a toda la población, aunque en los sectores populares el deterioro ha sido progresivo. Además, la realidad económica ha obligado a muchos cuidadores a enfocarse en la supervivencia, priorizando actividades productivas, como trabajos informales o jornadas extendidas para generar ingresos, por encima del vínculo afectivo.

“Vemos que es transversal la afectación, porque cuando los adultos de su entorno también están exigidos, afectados por distintas situaciones de vida, evidentemente están menos disponibles emocionalmente y sus respuestas disminuye, dejando a los niños huérfanos de acompañamiento en un entorno que les exige cada vez más”, puntualizó. 

Problema frecuente

Saraiba definió la salud mental como la capacidad de afrontar las tensiones normales de la vida, pero en los hogares caraqueños las tensiones no son “normales”, porque a la crisis económica se suman las fallas de los servicios públicos.

“Si una madre debe invertir dos horas al día buscando agua o insumos básicos, son dos horas que no tiene para jugar con sus hijos o incluso para autorregularse ella misma”, dijo el especialista.

Añadió que la deficiencia de los servicios básicos incorpora una carga adicional que compromete el bienestar de niños, niñas y adolescentes dentro de las dinámicas del hogar, lo que exige recursos psicológicos extra que la mayoría de las familias, simplemente, no posee.

En sectores populares como La Vega, donde muchas familias deben lidiar a diario con carencias materiales y presión económica, el agotamiento emocional termina atravesando la convivencia dentro del hogar.

El psicólogo alertó que este entorno, sumado a la violencia comunitaria y la ansiedad por la validación en redes sociales, la necesidad constante de aprobación a través de comentarios, reacciones o seguidores, ha generado un deterioro progresivo en la salud mental de los jóvenes.

Los cuadros más frecuentes son alteraciones del estado de ánimo, como tristeza persistente, irritabilidad o desmotivación, y, en los casos más graves, el riesgo suicida.

Formación para educar 

Karle Castellanos, directora de la Unidad Educativa Colegio Alianza Fe y Alegría, aseguró que la salud mental es el eje que permite a las personas relacionarse de forma asertiva y convivir en comunidad.

​”A veces creemos que somos máquinas de trabajo y no nos damos el tiempo de detenernos. Esos 15 minutos de pausa activa que hacen falta para oxigenar no los tomamos y terminamos siendo reactivos”.

Castellanos sostuvo que la iniciativa de Cecodap funciona como un “instructivo” para los representantes, quienes muchas veces no saben cómo abordar el diálogo con sus hijos, especialmente durante la adolescencia.

El enfoque no se centra únicamente en qué decir, sino también en cómo hacerlo: gestionar primero las propias emociones antes de intentar poner límites a los demás.

Para ella, el proyecto Juntos Crecemos llegó en un momento oportuno, porque era necesario brindar atención psicológica y bienestar a los jóvenes. Sin embargo, aclara que este trabajo no es aislado, ya que en Fe y Alegría el componente socioemocional, la formación orientada al manejo de emociones y relaciones humanas, forma parte de la formación histórica de la institución.

“Los docentes reciben preparación para identificar cuando un estudiante tiene problemas en casa que van más allá de una calificación baja. La escuela es un refugio donde los lazos familiares se fortalecen a través de programas como la “Escuela para Familias” que convoca a más de 160 padres interesados en adquirir herramientas de crianza”.

Aunque la escuela es el primer filtro para detectar crisis emocionales, Saraiba aclara que los docentes venezolanos no cuentan con una formación estructural para manejar estos casos.

“Los docentes lo hacen de manera intuitiva. Temas como el riesgo suicida o la violencia pasan desapercibidos porque no hay un plan nacional orientado a la salud mental”,agregó.

Pese a esto, admitió que, en muchos casos, el maestro es el único factor protector, una figura de apoyo capaz de reducir riesgos emocionales o situaciones de violencia, con el que cuenta un niño frente a una situación crítica. Para el especialista, alcanzar el bienestar emocional no es imposible, pero sí requiere recursos, por lo que considera necesario multiplicar espacios como los talleres desarrollados en La Vega.

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