Por Fernando Pereira de Cecodap

El impacto en la salud física y la economía se llevan, como es de esperar, el centro de preocupación y las propuestas de abordaje por parte de organismos internacionales, gobiernos, gremios. Las cifras de contagios, muertes, desempleo, caída de la economía, desnutrición hablan por sí solas. Pero las consecuencias en lo humano, en la vida de la gente, en lo subjetivo van corriendo en un río subterráneo.

Desde Cecodap recogemos la afectación que sufren niños y adolescentes. De los más de 1.000 casos atendidos en el Servicio de Atención Psicológica a nivel nacional: 31% corresponden a alteraciones en el estado anímico (miedo, ansiedad, angustia, somatización…): 21% depresión, ideación suicida; 11% castigo físico, agresiones para corregir a los niños y adolescentes.

Es un hecho. Algunas situaciones y su incremento han quedado en evidencia, entre ellas:

El aumento de la violencia intrafamiliar, potenciada por la cantidad de horas, semanas, meses, que hacen mella en la convivencia.

La mayor exposición al abuso sexual en casa o a través de las redes sociales; el ciberacoso.

El incremento de adicciones, alcohol, otras sustancias, Internet, video juegos.

La desmotivación, apatía, desinterés por el estudio u otras actividades.

Esta realidad obliga al abordaje psicosocial de nuestros hijos y estudiantes, pero ¿cómo hacerlo? Es la preguntan en la mayoría de las familias y centros educativos.

Lo que no funciona

“No pienses en eso que te hace sentir mal”. Pedirle que no lo haga logrará el efecto contrario. A pesar de que queremos evitarles el dolor, el malestar no se puede suprimir si no se procesa, de lo contrario tomará más fuerza.

“Relájate y respira hondo”. Cuando se está frente a un estado de rabia o excitación no se va a lograr tranquilizar respirando. Hay que permitir que drene lo que lo tiene al borde.

“Te obligaré a hacer algo distinto”. Si bien es cierto que puede constituir una catarsis por un momento; no lo solucionará y después del paréntesis 

Lo que puede funcionar

Crear espacios para conversar sobre cómo se siente y aprender a gestionar sus emociones, ayudar a que las identifique, que le coloque nombre y describir cómo te hace sentir.

Escribir un diario, cuento, relato para ir plasmando las emociones y su estado anímico.

Crear oportunidades de intercambio con sus compañeros, familiares para ir desarrollando la asertividad y empatía.

Contarles una experiencia personal de algo real que nos sucedió, cómo nos afecto y qué hicimos para lograr autocontrolarnos.

Ubicar espacios para la meditación, ejercicios de respiración, oración para lograr trascender las situaciones.

Promover actividades solidarias para acompañar a compañeros o familiares que necesitan apoyo. Se puede hacer telefónicamente o virtualmente para mantener el distanciamiento físico.

Incorporar el juego y la música como recursos que ayudan a la relajación, aprendizaje y tienen efectos terapéuticos.

Incorporar la actividad física, ejercitarse, realizar ciertas rutinas así sea en casa.

Diseñar asignaciones escolares que posibiliten analizar el cuidado de la salud, nutrición, prevención de las violencias, gestión de la educación emocional, promoción del buen trato.

Cuidar el intercambio socioafectivo con compañeros, familiares, celebración de cumpleaños virtuales, inicio de nuevo curso escolar, conocer a los compañeros que se integra.

Ejercitar la expresión verbal, exponer sus puntos de vista, argumentación, realizar debates, preguntar y repreguntar.

Elaborar cuentos, historietas, cartas, comics vinculados con la realidad actual y las reflexiones o soluciones que plantean.

Entrevistar a familiares, vecinos, compañeros ejerciendo el rol de reporteros.

Conocer y valorar el legado familiar revisando y reconstruyendo la historia de los ancestros, viendo álbumes, fotos, relatos e historias significativas.

Ver películas inspiradoras y poder comentarlas o hacer un foro en familia.

Grabar notas de voz, videos o escribir un mensaje para sus estudiantes puede ser una herramienta poderosísima de los educadores para llegar al corazón de sus estudiantes.

Efecto Cocuyo