En 2012 leí por primera vez sobre el síndrome del Niño Urbano. Adriana Ramírez, profesora de la escuela de Salud Pública de la Universidad Central de Venezuela describía cómo los niños que viven en las grandes urbes están siendo víctimas del vivir entre cuatro paredes.

“El Niño Urbano es ese que está mostrando dificultades en su desarrollo motor grueso y fino, no porque tenga una condición especial, sino porque no tiene las oportunidades de movimiento que exige la infancia. Viven en apartamentos reducidos, sin áreas de juego, sin parques cercanos a sus casas o calles seguras para jugar con sus amigos o manejar bicicleta. Este niño no juega con los juguetes tradicionales. Los juegos dinámicos se han sustituido por juegos electrónicos sedentarios. Los patios de los colegios son cada vez más reducidos y la sobrepoblación de las aulas los obliga a tener un recreo tranquilo” destaca la terapeuta ocupacional.

Crecen las remisiones a servicios de psicopedagogía y evaluaciones psicológicas porque los niños no han podido alcanzar destrezas básicas en su proceso de desarrollo. La emergencia humanitaria compleja puso lo suyo para cerrar espacios y oportunidades para el esparcimiento y desarrollo de los niños y adolescentes. Las dificultades del momento, la maltrecha economía y el menguado presupuesto familiar se han confabulado para aumentar los costos de cualquier plan u opción recreacional.

El confinamiento y los condicionamientos de bioseguridad sumado al avance de las tecnologías se ofrecen como la opción, única en muchos casos, para terminar de someter a los chicos a la dictadura de las pantallas.

Hoy, más que nunca, debemos insistir en lo vital que es crear alternativas para la recreación en estas vacaciones, partiendo de la realidad y contexto de cada una de nuestras familias.

¿Qué podemos hacer con los niños?

Realizar actividades artísticas. Estimulándolos a que se expresen con dibujos que pueden convertirse en cuentos que se compartan con la familia. Podrían realizar tarjetas, cuadros con imágenes o escenas que obsequien a sus seres queridos o para decorar su habitación.

Convertir las manos en posibilidades para crear realizando manualidades sencillas, para crear juguetes, títeres, portalápices, juegos de memoria, rompecabezas.

Realizar deportes, paseos, visitas. Se pueden organizar las familias para turnarse y acompañarlos.
Colaborar con las tareas del hogar y compartir, en horarios acordados y que tengan como compensación el estar juntos, comunicarse mientras realizan las actividades domésticas.

Redecorar el cuarto o algún lugar de la vivienda. Con el apoyo de los adultos pueden organizar la habitación de forma diferente, seleccionar lo que ya no utilizan y si están en buen estado donarlos y de esta forma se estimula la solidaridad.

Ver juntos series o películas, reflexionar sobre el contenido, los personajes, la trama, para identificar qué opinan y sienten sobre lo planteado. Se puede estimular su imaginación preguntándoles qué hubiesen hecho ellos en esa situación.

Participar en actividades vacacionales. Son una buena oportunidad para que puedan recrearse y socializar con otros niños. Se puede investigar los que están realizando las alcaldías para este período, con costos accesibles y personal preparado.

Mantener a los niños y adolescentes alejados de situaciones de riesgo, el consumo de sustancias, violencia, accidentes en el hogar -que suelen aumentar durante este período-, siempre debe ser una prioridad.

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Efecto Cocuyo

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