El encuentro, dirigido a actores eclesiales, destacó la urgencia de fortalecer redes de ayuda, formación ambiental y acciones de incidencia pública desde todos los espacios, incluyendo la iglesia
Prensa REDHNNA
(12-08-2025) En respuesta a los devastadores efectos del cambio climático en el estado Mérida, especialmente tras la vaguada del 24 de junio que afectó gravemente al municipio Rangel, la REDHNNA, Clima21 y Caleidoscopio Humano desarrollaron un conversatorio titulado “Cambio climático e iglesia: ¿qué nos dejaron las lluvias en Mérida?”.
El encuentro reunió a 15 participantes vinculados al trabajo eclesial en la parroquia San Rafael Arcángel, del municipio Rangel, en Mérida. Apartaderos, una de sus comunidades, fue de las más afectadas por las lluvias.

El conversatorio fue dirigido por Nataly Carvajal y Emmanuel Rivas del equipo de la Redhnna y Caleidoscopio Humano en el estado Mérida, quienes promovieron una reflexión profunda con base a la revisión de los postulados de la Observación General Nº 26 del Comité sobre los Derechos del Niño y al Laudato Sí, sobre el papel de las organizaciones eclesiales, grupos de apostolado y voluntariados en la mitigación de los efectos del cambio climático, particularmente en grupos de mayor vulnerabilidad, como los niños, niñas y adolescentes.
Las intensas lluvias del 24 de junio, provocadas por el paso de las ondas tropicales 8 y 9, generaron desbordamientos de ríos como el Chama, Santo Domingo y Motatán, afectando gravemente a comunidades agrícolas y pecuarias de los municipios del eje páramo.
Solo en Apartaderos, más de 273 familias resultaron damnificadas, y las vías principales, como las que comunican a Mérida con los estados Barinas y Trujillo, quedaron colapsadas, dificultando el acceso a los diferentes municipios de la entidad andina.
Importancia del trabajo en red
Durante el conversatorio, se destacó la urgencia de crear redes de ayuda comunitaria y de incidir en la formulación de políticas públicas que respondan a los desafíos climáticos.
Se abordó cómo el cambio climático ha transformado las dinámicas de vida en el páramo merideño, donde la agricultura —principal fuente de ingreso— ha visto reducida su productividad debido a la variabilidad climática.

Los facilitadores enfatizaron que la iglesia puede ser un actor clave en la articulación de respuestas locales, aprovechando su capacidad de convocatoria, su presencia territorial y su rol en la construcción de tejido social.
Esta visión se alinea con los hallazgos de Clima21, que advierte sobre la falta de un plan nacional de adaptación al cambio climático y la necesidad de proteger a los grupos más vulnerables.
Los asistentes compartieron testimonios sobre cómo las lluvias han afectado sus comunidades, y expresaron su compromiso de promover acciones concretas desde sus espacios de fe. Se propuso fortalecer la formación ambiental en las parroquias, impulsar campañas de recolección de insumos para zonas afectadas y participar activamente en espacios de incidencia pública.
El conversatorio concluyó con un llamado a la esperanza activa, reconociendo que la crisis climática no solo es ambiental, sino también social y espiritual. Desde la fe, la organización comunitaria y la acción ciudadana, es posible construir redes que permitan dar respuesta a las necesidades que surgen en zonas marcadas por los efectos del cambio climático y de la ausencia de políticas de prevención.
Comentarios recientes