Eso no aparece en ningún libro universitario ni tampoco en los manuales de pedagogía, pero igual hay que encontrar la forma. Si en condiciones normales el oficio de enseñar es un reto, imagínenlo en medio de una pandemia que obliga a la población a quedarse en casa, sin Internet estable. Los docentes se las ingenian para dar las lecciones en el país con la conexión más lenta del continente

ía 5 de cuarentena. Debió levantarse a las 7 para empezar su clase, pero abrió los ojos a las 8:36. Prendió la computadora y se sentó. Sin Internet. Las dos barras de señal que vio en la madrugada y que le permitieron montar el contenido en la página web del colegio, ya no estaban. Esperó y nada. El dinosaurio de Google Chrome estaba listo para empezar, pero no le dio la oportunidad. Apagó la computadora y subió a la platabanda de su casa. Alcanzó cobertura para revisar el correo, pero no la suficiente para descargar los 58 archivos que sus estudiantes le enviaron al Gmail. ¿Así quién puede?

Al final de ese día tenía que enviar un reporte a su coordinador en el que detallara el contenido impartido y la participación, porque la institución debe estar preparada para una posible auditoría del ministerio.

Las enseñanzas ahora también recaen dentro de la familia, que ya no solo se ocupa de útiles escolares, uniformes y meriendas, sino también de reforzar las lecciones que hasta el viernes 13 se vieron en las aulas habituales

Está desesperado. En Petare no hay ni siquiera señal telefónica, menos Internet. Tampoco puede salir de casa porque las Fuerzas de Acciones Especiales rondan las calles haciendo cumplir la cuarentena que ya lleva 6 días y no tiene aparente caducidad. Las clases en línea son una falacia dentro de un país donde solo 36% de la población tiene acceso a Internet y apenas 60% posee un teléfono inteligente o una computadora, según las cifras ofrecidas por el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP) en los meses de diciembre 2019 y febrero 2020.

Cuarentena

Si su vida dependiera de kilobits por segundos ya estaría muerto, como posiblemente lo estará si no resuelve. Pero morir es un lujo que no puede darse. Su familia depende de ese sueldo que, aunque se vuelva agua cada quince y último, le permite sobrellevar la hiperinflación con una profesión que no eligió, pero que apareció de la noche a la mañana como solución a sus deudas. Agarrando aunque sea fallo. Se puso el tapabocas y salió a buscar wifi, como quien, en medio del desierto, lo da todo por un vaso de agua fría.

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“Han sido certificados 2 casos de coronavirus en Venezuela”, anunció Delcy Rodríguez el viernes 13 de marzo. 2 contagiados con Covid–19. El sábado la cifra oficial aumentó a 8 y, el domingo, Nicolás Maduro decretó cuarentena en 6 estados. Todo el mundo en casa. Las actividades deberán ser a distancia, incluyendo las académicas. El país baja su santamaría mientras dura el estado de alarma según la Gaceta Oficial N° 6.519 del 13 de marzo de 2020 “(…) a fin de que el Ejecutivo Nacional adopte las medidas urgentes, efectivas y necesarias de protección y preservación de la salud de la población venezolana”.

“Mi idea también con estas actividades complementarias es no hacerlas tan pesadas ni extensas, pero sí con el rigor y la complejidad que ameritan»

El artículo 11 del decreto dice que el Ministerio para la Educación deberá coordinar con las instituciones educativas públicas y privadas la continuación del año académico 2019-2020 y la implementación de modalidades de educación no presencial. Por lo que Aristóbulo Isturiz, ministro del área, estrenó en el canal del Estado el programa “Cada familia, una escuela” dentro del Plan Pedagógico de Protección y Prevención Covid-19, que tiene como misión “el bienestar colectivo y el acceso a información y servicios que mantengan la calidad de vida de la triada escuela, familia y comunidad”, según dice una nota de prensa publicada en la web de Venezolana de Televisión (VTV) el 16 de marzo.

Frente al distanciamiento, las plataformas en línea se presentan como una solución. Pero en Venezuela eso es casi imposible. Aun con los equipos y acceso a la web, la velocidad de conexión a Internet sigue siendo un problema. El Speedtest Global Index, que mide la rapidez de las conexiones en todo el planeta, ubicó a Venezuela en el penúltimo lugar después de 174 países, en una lista publicada a principios de este año 2020. Vivimos en la nación con peor conexión en toda América Latina. Organizaciones no-gubernamentales como el Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS) ofrecen cifras similares según sus mediciones. Cantv, claro, no enseña las suyas.

Cuarentena

Públicos y privados, realidades opuestas

Ingrid Salazar, directora de la U.E.N. José Félix Ribas, de Sebucán, aclaró que, si bien la institución no se activó de inmediato con el programa diseñado por el ministerio, lo harían a partir del lunes 23, porque no estaban preparados para ello. Otros directivos del sector público prefirieron no dar declaraciones sin autorización del distrito escolar, lo que genera incertidumbre sobre cómo resuelven las escuelas y liceos ante la suspensión de clases. Una realidad que dista con los privados, donde profesores y personal administrativo se las ingenian para enseñar en cuarentena, sin Internet y sin el apoyo económico del Estado.

“El colegio ha facilitado recomendaciones y sugerencias; planificado actividades y material de estudio que representantes y estudiantes adquieren a través de la página web y de los grupos de Whatsapp institucionales; los cuales serán entregados para su debida corrección al levantar la cuarentena”, explicó un miembro del equipo directivo del Colegio San Agustín de El Paraíso. Aseguró que desde el 23 trabajan apegados al programa oficial “Cada familia, una escuela” y se mantendrán en esa dinámica hasta que el ministerio dicte el retorno a las aulas.

Frente al distanciamiento, las plataformas en línea se presentan como una solución. Pero en Venezuela eso es casi imposible. Aun con los equipos y acceso a la web, la velocidad de conexión a Internet sigue siendo un problema

La proeza de enseñar en cuarentena

Pedro Chacín sabe que no es un héroe, aunque tiene todas las cualidades para serlo: le enseña historia aproximadamente a 200 estudiantes del Colegio San Agustín de El Paraíso y todos quedan lelos con sus explicaciones. Hacer de la historia una materia divertida es un verdadero logro por la magnitud del contenido y lo denso de su estudio. Pero Pedro Chacín ha logrado hacerla más asequible con análisis iconográficos, memes y videos de Youtube, una estrategia más llevadera en tiempos de contingencia como los de la actual pandemia.

“Mi idea también con estas actividades complementarias es no hacerlas tan pesadas ni extensas, pero sí con el rigor y la complejidad que ameritan. No son actividades que los van a saturar porque algunos van mal en otras áreas a las que le dan peso, por ejemplo, Matemáticas, Castellano e Inglés”, asegura Chacín. No tiene Internet estable en su casa por lo que ha recurrido a terceros para enviar las asignaciones: “Algunos colegas me apoyan, otros son personas ajenas, a quienes les envío fotografías y ellos solo mandan los correos”.

Todo lo contrario ocurre con una profesora que trabaja en el Instituto Cecilio Acosta, de Propatria, y quien prefirió mantener el anonimato, cuyos estudiantes no tienen Internet y algunos hasta carecen de computadoras. La cuarentena los tomó en medio del cierre del segundo lapso, por lo que tuvo que reprogramar y ejecutar en medio del desbarajuste: “Enviamos los trabajos a los alumnos por una aplicación llamada Akademia, los niños los hacen y los envían al correo. Yo corrijo y paso las notas al departamento en unas nóminas digitales que se tienen para estos casos”. Aunque puede solventar de esa manera, la docente considera que las discusiones en clase son fundamentales para entender el contenido de las asignaturas y que el método no contribuye a la educación.

La hija de Yorbis Esparragoza estudia en un colegio público y a pesar de que su maestra apenas le envió un archivo PDF con algunas tareas después de 4 días de cuarentena, ella no ha descuidado la instrucción de la niña: “Dos asignaciones al día, una de matemáticas y otra de lectura. Mantenemos esa especie de ‘escuela en casa’, algo que siempre he hecho, tomando en cuenta las deficiencias de las escuelas públicas”.

Su familia depende del sueldo que le da una profesión que no eligió, pero que apareció de la noche a la mañana como solución a sus deudas

Las enseñanzas ahora también recaen dentro de la familia, que ya no solo se ocupa de útiles escolares, uniformes y meriendas, sino también de reforzar las lecciones que hasta el viernes 13 se vieron en las aulas habituales. La cosa es que no todos los representantes hacen de maestros en el hogar.

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Estación del Metro Palo Verde. Viernes, 20 de marzo, 12 y pico del mediodía. El celular vibra. Un Xiaomi fabricado en el país donde se originó el virus. La señal 4G llega a su clímax y los mensajes parecieran colapsar al aparato. Tiene 2 horas y unos cuantos minutos para corregir las actividades y reportear su diario de clases. Las manos le tiemblan y suda a chorros. No es la presión del trabajo. Ha estado en situaciones más difíciles y sabe que puede resolver. Otra angustia recorre su mente, un peligro todavía mayor: tiene un teléfono en la mano y está en medio de una zona roja: y todo por tratar de hacer su trabajo.

Sabía que la docencia no era para todo el mundo, pero jamás se imaginó que ser profesor podría ser un oficio extremo, de alto riesgo.

Climax 

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