En Venezuela la paternidad nunca ha sido ejemplar y ahora las madres que migran deben dejar a los menores. ¿Cuáles son los efectos y la mejor manera de sobrellevar estas separaciones?

Carlos pasa mucho tiempo en la calle y apenas tiene diez años. Desde que él tenía tres lo cuida su abuela, primero porque su mamá trabajaba y después porque se fue del país. Ahora su abuela también debe trabajar y no hay nadie en casa que lo cuide. 

Entre las cosas que han pasado, en estas circunstancias, es que Carlos cazó un conflicto con un adulto de la comunidad. Carlos fue agresivo e irrespetuoso con él en varias oportunidades. Un día llegó a escupirle la cara y como respuesta recibió una bofetada. Su abuela hizo la denuncia ante el Consejo de Protección. La solución fue una medida de separación de entorno (artículo 126 de la Ley Orgánica de Protección al Niño, Niña y Adolescentes, LOPNNA) para evitar que el adulto coincida con el menor. La actitud de la abuela de Carlos, dice gente relacionada con el caso, es complaciente y encubridora. ¿Qué otros eventos de este tipo pueden ocurrir? El padre del niño murió. Su madre no volvió por él ni lo mandó a buscar.

Un caso similar es el de Cruz José, de 14 años. Su mamá murió y su papá se fue del país, por lo que vive con uno de sus abuelos. En medio de la cuarentena por la pandemia de covid-19, Cruz dejó de entregar los trabajos del liceo, cuya asignación era publicada en la cartelera de una escuela básica del pueblo. Cuando los profesores fueron a retirarlos, Cruz se acercó a uno de ellos y les explicó que su abuelo no le daba dinero para comprar papel para escribir. Uno de los maestros de la escuela pública se ofreció a darle hojas de reciclaje para que pudiera ponerse al día y afortunadamente pudo aprobar.

Por su parte, Eduardo, de 17 años, protesta ante sus profesores del liceo:

—Mi mamá está en Perú comiendo bien y me dejó aquí pasando trabajo. Para qué voy a estudiar, yo hago lo que me da la gana. 

Su madre trabajaba como chofer en una institución pública, hasta que decidió emigrar. Se llevó a una de sus hijas con la promesa de que volvería por Eduardo. Mientras tanto lo dejó viviendo con su papá, un hombre de temperamento violento. Eduardo bajó sus notas y comenzó a involucrarse con pandillas. A pesar de sus esfuerzos, los docentes no lograron que se graduara de bachiller antes de cumplir la mayoría de edad.

El duelo de quienes se quedan atrás

Muchas dimensiones tienen la indefensión, el abandono que hoy afectan a tantos niños y adolescentes en Venezuela. A la sempiterna paternidad irresponsable se suma ahora la separación de las madres, que deben salir del país por razones económicas. Los niños y los adolescentes, que no siempre quedan al cuidado de las personas más adecuadas, sufren las consecuencias. Y los efectos se transmiten a las comunidades: los centros de enseñanza que intentan funcionar en las actuales condiciones, los vecinos abrumados por sus propios problemas, las filas de las bandas delictivas.

María Angélica Lunar, que es psicóloga clínica, ha atendido en su consulta varios pacientes afectados por esta circunstancia:

—Por supuesto que cada caso es diferente —dice— igual que los problemas de conducta o los factores psicológicos asociados a dicha situación. Todo depende de la edad del niño, de su nivel de comprensión, del manejo que hace la familia de la situación y de cómo los padres abordan su ausencia. Toda separación física trae duelo y ese duelo puede ser experimentando en el momento de la despedida, durante la ausencia o incluso comenzar a existir síntomas en cualquier etapa de la vida en donde las personas vivan algo similar. 

Lunar atiende muchos casos en el ámbito escolar, como el de Miguel, quien junto a sus dos hermanos se quedó con su abuela cuando su mamá se fue a Colombia. Él es un niño con necesidades especiales, con conductas dentro del espectro autista. Cuando tuvo un cambio importante de comportamiento y se negó a estudiar, fue cuesta arriba para su abuela atender el caso.

—Nos orientamos mucho en apoyar a la señora para el manejo del comportamiento, de los estudios y también fue necesario que la Defensoría educativa le diera una constancia para que fuera su representante. Muchas veces los problemas emocionales de los niños se expresan en una mala conducta, en rebeldía, pero en el fondo lo que hay es un gran sufrimiento, un duelo, que ocurre en toda persona que tiene una pérdida, como el de sus figuras parentales que son sumamente importantes.

Yolanda, docente en un liceo público, ha debido atender diversos casos de niños en situación de pseudo abandono después de la migración de la madre:

—El mal comportamiento y las bajas notas son solo una pequeña parte del problema —dice—, si ahondamos más nos vamos a encontrar con casos de prostitución o pandillaje. En el plantel hacemos lo que podemos por salvar a los muchachos, les buscamos tutores ad honorem entre los mismos docentes y les hacemos seguimiento para que entreguen los trabajos. La separación de sus padres atenta contra la integridad psicológica de estos niños, y luego está la falsa creencia de que los varones no requieren tanta atención, cuidado y afecto como las hembras.

Los vacíos que intenta llenar la institucionalidad

En un contexto donde numerosas familias se desarmaron cuando los padres tuvieron que dejar a sus niños al cuidado de abuelos o tíos, son recurrentes las situaciones donde los menores protagonizan conflictos en sus comunidades, sobre todo si son adolescentes, explica una consejera de Protección del niño, niña y adolescentes. Otra circunstancia que debe ser analizada y atendida por el Estado.

Cruz y Leonel tienen once y nueve años respectivamente. En la escuela estos hermanos tenían buena conducta, pero cuando su madre emigró y los dejó con la abuela, se hicieron violentos con sus compañeros. Con el dinero que mandaba la mamá, la abuela los puso a vivir solos en una habitación alquilada. En este caso la escuela fue el eslabón de control junto con la Defensoría estudiantil; se instruyó a la abuela para que se hiciera cargo de ellos, si no quería que los colocaran en una casa de abrigo.

Erika, de 16 años, se quedó con su tía en la casa materna cuando su madre se fue. Durante varios meses tuvo una relación con un hombre de 21 años, quien a veces convivía con ella en esa vivienda. Al cabo de un tiempo, Erika se vinculó con otro hombre. Eso dio lugar a una pelea con su exnovio, en la que él la golpeó. La muchacha hizo la denuncia en un comando de la Guardia Nacional, los funcionarios llamaron a los Consejeros de Protección y a su vez se hizo contacto con el Fiscal de guardia. Se dictó una medida de separación de entorno y se dieron sanciones verbales a ambas partes. En una semana se emiten varias medidas de ese tipo en Margarita, pero esta es la realidad en todo el país, afirma la Consejera de Protección.

Cuando se van del país, muchos padres dejan a sus hijos sin ninguna acreditación legal para los familiares cuidadores, por lo que también son comunes las medidas de responsabilidad, también contenidas en el artículo 126 de la Ley, con el propósito de que tengan la posibilidad de representar a los infantes y adolescentes ante el sistema educativo y el sistema de salud. Sin eso los niños están desamparados legalmente.

Cuando nació, Manuel no fue presentado ante el Registro Civil por su padre, quien por lo tanto perdió cualquier potestad sobre el pequeño que actualmente tiene ocho años. Su madre también se fue del país y lo dejó con su abuelo, quien está percibiendo las divisas que manda la mamá. Manuel es oriundo de la isla de Coche, pero vive desde hace varios años en Margarita. Su padre trató de llevárselo a la fuerza, mas no pudo hacerlo. Para resguardar al niño, el Consejo de Protección le dictó una medida de abrigo temporal que permite que su abuelo pase a ser su representante legal, pueda inscribirlo en la escuela e incluso viajar con él, pero solo por el territorio nacional. 

Las pantallas en silencio y la voz de los chamos

—Hay padres que se van y están en constante comunicación —dice Lunar—. Vía online tratan de estar presentes en la vida del niño, pero otros no mantienen ese contacto, y la ausencia del padre o madre es completa. Es decir, no solo física sino también emocional. El duelo entonces es mayor, crea más carencias y hay cambios emocionales y comportamentales más evidentes. Los niños siempre tendrán la esperanza de reencontrarse con sus padres, hay quienes llegan a concretarlo pero en los que se posterga el reencuentro se presentan problemas emocionales como retraimiento, sensación de abandono, tristezas, cuadros depresivos severos,  problemas de sueño y/o alimentación,  aislamiento, desmotivación y problemas conductuales de rebeldía y agresiones. Los niños más pequeños, por ejemplo, no comprenden de razones para explicar la ausencia parental y la sensación de abandono es mayor, con retrocesos en muchas áreas del desarrollo.

La psicóloga dice que a los niños se les puede y se les debe consultar su opinión. 

—Ellos nos dan consejos válidos y pueden hacer acuerdos muy fácilmente. 

Lunar cuenta también el caso de Juan. Cuando su madre empezó a considerar la posibilidad de irse del país, él, que tenía 8 años, la motivó y le dijo que debía buscar otros caminos, que la esperaría y haría todo lo posible por estar bien y que ella se sintiera orgullosa. Pero eso pasó porque fue tomado en cuenta. Hay que prepararlos, explicarles la verdad, eso ayuda un poco a superar el duelo. Han pasado tres años y su abuela hace los trámites para llevarlo a reunirse con su mamá. 

Aunque el abandono no sea la intención de los padres, los menores lo padecen igual. Las consecuencias pueden llegar a ser tangibles y concretas en un plano emocional y también en el plano social. Hay que agotar todas las opciones antes de dejar a los niños, aunque queden en supuestas buenas manos. Viajar con ellos o postergar la migración son posibilidades que vale la pena considerar, porque es difícil sobreponerse al dolor de la separación.

Cinco8

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