A Inoska Peña la hallaron muerta cuatro días después de su desaparición, dentro de una maleta, en una zona boscosa en Terrazas de La Vega. 61 niños, niñas y adolescentes quedaron huérfanos tras el femicidio de su madre, entre enero y septiembre de 2024, según datos de Cepaz.
Fuente original: Crónica Uno. – Caracas. “Abuela, es de noche, no podemos salir. Tenemos que esperar a que salga el sol”, dice Alonso*, hijo de Inoska Alejandra Peña Marín, luego del femicidio de su mamá.
El niño, de seis años de edad, ve la oscuridad como un sinónimo de peligro porque el día que desapareció su mamá la esperó para dormir juntos, como lo tenían acostumbrado.
Inoska desapareció el 8 de julio y cuatro días después (12 de julio) la hallaron muerta dentro de una maleta, en una zona boscosa de Terrazas de La Vega, en el municipio Libertador.
“Mi nieto entra al cuarto, toca la cama y dice: ¡ay, mi mamá! Recuerdo que los primeros tres días lloraba, se asomaba cuando escuchaba pasar motos a ver si era su mamá. Al principio no le dijimos. Luego le expliqué que su mamá se había quedado dormida en el trabajo y que ahora estaba en el cielo. Él me preguntó si allí arriba había un niño con ella”, relata Yexelina Marín, madre de la víctima.
Tras la muerte de la mujer, de 27 años de edad, Alonso prefiere estar en casa de su tía, quien vive cerca. Evita ver fotos de su mamá. Cuando su imagen aparece en el celular la desliza con rapidez.
Yexelina ve con preocupación que su nieto no expresa lo que siente a través de palabras. Sin embargo, presenta malestares estomacales y cuadros febriles. También manifiesta angustia cuando alguno de los integrantes de su casa no llegan. Por esa razón quisieran llevarlo con especialistas que lo ayuden.
El Consejo de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes les dijo a dónde podían acudir con Alonso. Sin embargo, el ente “no ha cumplido” de manera correcta con el aviso de las citas.
Entre enero y septiembre de 2024 el Observatorio Digital de Femicidios del Centro de Justicia y Paz (Cepaz) documentó que 61 niños, niñas y adolescentes quedaron huérfanos luego de las muertes violentas de sus madres.
En cinco de los casos los menores de edad presenciaron el asesinato de sus progenitoras, indica la organización no gubernamental.
Sin avances de la investigación
La madre quiere que los señalados por el femicidio, quienes se encuentran detenidos, paguen por ello. Sin embargo, los funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Penales y Criminalísticas (Cicpc) le dicen que debe “esperar” que culmine la averiguación.
Para ella esperar nunca fue una opción porque las autoridades le dieron esa misma recomendación el primer día que reportó a su hija desaparecida. A su juicio desestimaron por completo la denuncia.
Los primeros cinco meses de 2025 Utopix contabilizó 61 femicidios en Venezuela, reseñados en medios de comunicación y redes sociales. Se estima que cada 59 horas ocurrió un femicidio en el país.
540 hombres fueron condenados por femicidio en los últimos siete años, según Tarek William Saab, fiscal general impuesto por la extinta Asamblea Nacional Constituyente, reseñó Tal Cual.

El 23 de octubre de 2024 Saab ofreció las últimas cifras oficiales públicas sobre violencia contra la mujer. Agregó que, desde 2017 cuando llegó al Ministerio Público, condenaron a 6102 hombres y otorgaron 549.872 medidas de protección a favor de las víctimas.
Organizaciones de la sociedad civil, que defienden los derechos de las mujeres, han reiterado en distintas ocasiones que las cifras sobre este tema deben darse periódicamente y desglosadas por zonas, con la intención de diseñar políticas públicas efectivas.
Desinformación
Yexelina aclara que su hija no tenía ningún tipo de vínculo afectivo con el femicida ni con ninguna otra persona, como se mencionó el director del Cicpc, comisario Douglas Rico, quien aseguró que Inoska tenía una relación “oculta” con Jarry Hidalgo Palomares, señalado como el autor material del femicidio.
Mariangel Peña, hermana de Inoska, también desmiente esta información publicada en la cuenta oficial del Cicpc. Relata que conocen al presunto femicida, de 31 años de edad, desde que eran pequeñas porque es vecino de la zona.
“Nosotras lo conocíamos a él, a su mamá, incluso le preguntamos por mi hermana cuando estábamos buscándola”.
Inoska laboraba desde hace seis meses en una cadena de supermercados de 3:00 p. m. a 12:00 a. m. Con ese turno podía generar más ingresos y ayudar en casa. “No trabajaba en el hospital Pérez Carreño como reseñaron muchos medios. Ella estuvo allí hace seis años y lo dejó cuando nació su hijo. Lo que pasa es que nadie se tomó la tarea de venirnos a preguntar”, agrega la madre.
La familia solicitó ver las pruebas que demostraran la veracidad de las declaraciones oficiales, pero le fueron negadas por ser “confidenciales”. Solo tienen el informe de la autopsia que les entregaron en el Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf) que expone la causa de muerte fue “asfixia mecánica”.
Los datos publicados por el comisario Rico agregan que el victimario, detenido el 16 de julio, sometió a Inoska y la obligó a mantener relaciones sexuales “para luego asfixiarla hasta causarle la muerte”.
Una vez cometido el crimen el reporte oficial describe que Hidalgo contactó a su amigo, Jesús Alexander Marcano Silvera, de 36 años de edad, quien lo ayudó a trasladar el cadáver, que ya se encontraba en la maleta, en su vehículo.
La desaparición
Al salir del trabajo Inoska le avisó a su hermana, cerca de las 12:15 a. m., que iba a su casa con una compañera de trabajo, ya que ambas se quedaban en la redoma de La India, entrada hacia La Vega.

Pero no llegó. Su madre y hermana se extrañaron cuando a los pocos minutos de avisar que iba camino a casa publicó un estado en Whatsapp, con una foto en la que decía que iba a dormir.
“Mi corazón de madre me decía que algo estaba mal. Esa noche yo no dormí. Me decía: Algo pasó”.
Al amanecer la madre fue al supermercado y constató por las cámaras de seguridad que su hija se había ido en el transporte. Luego denunció, aunque los uniformados le pidieron esperar porque “seguro se había ido con alguien”.
“Les dije que mi hija no era así. Ella siempre avisaba si por alguna razón se iba a demorar porque ella sabía que yo estaba con su niño, que la estaba esperando. Ellos dormían juntos. No me hicieron caso”, afirma la madre.
Tras al anuncio de la desaparición en las redes sociales el sábado, 12 de julio, un testigo buscó a Yexelina para entregarle pruebas, en las cuales pudo ver a su hija cuando subía a una moto de forma tranquila. Aunque distinguió el rostro del conductor, miró otros detalles que le ayudaron a identificar a quien manejaba y el vehículo.
En un video observó cómo su hija fue golpeada en la cabeza y trasladada en moto hacia otro lugar. Esa fue su última imagen.
También se dio cuenta de la presencia de personas adicionales a los implicados: “A nosotros nos da miedo porque ellos siguen en la calle. Sentimos que corremos peligro”.
El hallazgo
Ese sábado, familiares y amigos se dividieron en grupo para localizar a Inoska Peña en calles cercanas a su residencia. Su cuerpo fue hallado en avanzado estado de descomposición.
Quienes la buscaban detallaron que un “olor a podrido” los guió hasta donde estaba la maleta ‒con el cadáver adentro‒ aguantada por una rama que impidió que se fuera por el barranco.
Su hermana pudo verla. Y, aunque quisiera, no olvida la imagen del cadáver de Inoska, quien estaba desnuda, con rastros de sangre y con moscas a su alrededor.
“Ellos (la policía) vinieron, buscaron y lo detuvieron, pero ya después cuando yo les llevé los videos y fotos que tenía. Si esperamos por ellos no dábamos con mi hija”.
Yexelina desea irse de La Vega. No puede creer cómo el lugar en donde ha vivido durante casi toda su vida, le arrebató a su hija de una forma “tan cruel”.
La madre, de 47 años de edad, conserva en su memoria el último recuerdo de su hija, quien la tarde del 8 de julio le dijo: “Mami, nos vemos más tarde” y se fue en una moto a su trabajo.
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