La semana pasada se conoció que una agencia de modelaje era investigada por el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas por presuntamente estar involucrada en una red de pornografía infantil. Para conocer los efectos y la manera apropiada para atender a los niños que se han sido objeto de abuso sexual, contactamos a especialistas.

“La pornografía es una forma de abuso sexual y las mayores consecuencias de ello radican en la depresión y la ansiedad, aunque son múltiples los cambios conductuales, cognitivos y emocionales que pueden surgir, uno de ellos es el suicidio”, asegura la especialista Mariana Misticoni.

La psicóloga e integrante del equipo de Centros Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap) explica que “las leyes y derechos de los niños consideran la pornografía como una forma de abuso sexual”. Ante ello, sostiene, “la familia debe apoyar a la víctima, creerle, escucharla y prestarle ayuda psicológica para disminuir el sentimiento de culpa”.

El doctor Ricardo Montiel, jefe del Departamento de Pediatría del Centro Médico Docente La Trinidad, enfatiza que “estas acciones cambian la vida y lo más importante es eliminar el culpar a la víctima porque en el 90% de los casos se trata de personas que no sabían lo que ocurría”.

Misticoni detalla que lo que no se debe hacer es cuestionarle al niño el por qué no hizo nada, ni enfocarse en el victimario y olvidar que la víctima necesita apoyo. Tampoco se debe optar por sobreproteger al menor, tratarlo diferente o hacer de esta situación algo de lo que no se puede hablar.

Estudios revelan que si estas recomendaciones se toman en cuenta, 30% de las víctimas puede tener un buen pronóstico a corto plazo y 70%, a largo plazo.

“Es muy importante que el niño vaya a terapia porque en ella se buscará que se reconozca como sujeto y no como objeto, además de trabajar la desnaturalización de la hipersexualización para que conozca los límites de su cuerpo y que el adulto no puede hacer con él lo que quiera”, recalca la especialista en psicología clínica, Meury Rivero.

La relevancia de afrontar esta situación de la manera correcta se debe, según los expertos, a que los niños que han sido víctimas de abuso sexual tienen mayor riesgo de volver a serlo en el futuro con otros tipos de violencia.

En Venezuela, “los casos de pornografía infantil están invisibilizados”, así indicó el pasado viernes 6 de septiembre, el coordinador general de Cecodap, Carlos Trapani, en entrevista a HispanoPost y señaló que la red de pornografia en la que estaba involucrada la academia de modelaje caraqueña se dio a conocer por la importancia que obtuvo en los venezolanos.

El sábado, el Tribunal de Caracas privó de libertad a tres involucrados en el caso Belankazar: Alexander Mauricio Velázquez Corredor, Belkis Alida Pereira Contreras, y Hernán Pereira Tello, por la presunta comisión de los delitos de asociación para delinquir y pornografía. Desde entonces Velázquez y Pereira Tello permanecen en el Centro Penitenciario de la Región Capital (Yare III) y Pereira Contreras en el Instituto de Orientación Femenina (INOF).

Trapani expresó que desde 2015 se desconocen las cifras de violencia infantil y, ante ello, Montiel afirma que en el país existen problemas muy graves de los que poco se habla. Asegura que cada vez son más los adolescentes que expresan “obtener ingresos con su cuerpo motivados a problemas económicos” y especifica que los casos incluyen a niños de a partir de 10 años de edad en adelante y de ambos géneros”.

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