La discusión sobre las vuelta a las escuelas se está dando en toda América Latina, a medida que la cantidad de casos de coronavirus va bajando en la región. Sin embargo, gran parte de los países no han vuelto a tener clases presenciales para todos sus estudiantes. La red LatamChequea, que coordina Chequeado y nuclea a más de 30 organizaciones de verificación de datos en Latinoamérica, realizó un repaso de las distintas medidas que se vienen tomando hasta ahora.

Cuba, Nicaragua y Uruguay son los únicos países que han vuelto a tener clases en todo su territorio. Con asistencia optativa, modalidades mixtas y protocolos de seguridad e higiene, las escuelas de estos países fueron abriendo paulatinamente en los últimos meses.

En otros países, como la Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú se comenzaron a abrir las escuelas sólo en algunas regiones, donde la situación epidemiológica mejoró, con sistemas especiales y con asistencia optativa.

En Colombia, por ejemplo, se han abierto algunas escuelas con cupo reducido y limitado (con el 20-30% de la capacidad total) y con un modelo de alternancia, en el que en un mismo curso, unos alumnos van a la escuela y otros ven la clase desde la casa. Además, es obligatorio el uso de tapabocas, desinfección o lavado frecuente de manos y toma de temperatura al ingreso. Sin embargo, el regreso a clases presenciales fue sólo para colegios privados, ya que la enorme mayoría de los colegios públicos del país continúan con clases virtuales.

Por otro lado, en Chile se dictó un protocolo de medidas sanitarias para establecimientos de educación escolar, y cada escuela del país que solicite la apertura de su recinto debe hacerse responsable de cumplir el protocolo, que incluye medidas como horarios diferidos de entrada y salida de los estudiantes y asegurar la distancia social mínima de 1 metro al interior de los baños.

En Ecuador las escuelas públicas y privadas están funcionando bajo un plan piloto, en el que los chicos van sólo ciertos días y en que las escuelas se comprometen a cumplir las medidas de bioseguridad. La mayoría de las escuelas públicas que han regresado a clases de forma presencial pertenecen a la zona rural.

A pesar de esta vuelta parcial a las clases presenciales, estas aperturas no han alcanzado a todos los estudiantes. Por ejemplo, en la Argentina sólo el 1% de los alumnos del país están alcanzados por la vuelta a la escuela mientras que un 43% están alcanzados por actividades de revinculación presenciales. En el caso de Perú sólo se abrieron las escuelas de zonas rurales, donde hay pocos casos de coronavirus, con protocolos de distanciamiento y menos aforo.

Por otro lado, la mayoría de los países centroamericanos, como Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá y República Dominicana, junto con Bolivia, Venezuela y México todavía no han vuelto a las clases presenciales. En estos países continúan funcionando distintas modalidades de educación a distancia.

En México, por ejemplo, hay clases por medio de la televisión abierta pública y privada. En lugares donde no se tiene acceso a la TV, se dan clases por medio de la radio y en otras zonas del país donde el acceso a internet es posible, maestros de las escuelas públicas y privadas brindan clases en línea.

En Venezuela se permitió la apertura de escuelas para que se hagan “jornadas pedagógicas”, en las que las y los estudiantes, así como los padres, madres y representantes, pueden asistir previo acuerdo con el personal docente para que alumnos y maestros se conozcan, se puedan aclarar dudas puntuales sobre contenidos académicos y para entregar algunas tareas en persona.

¿Cómo afectó el cierre de escuelas a los estudiantes?

Un informe de Unicef afirma que hay más de 137 millones de estudiantes en América Latina y el Caribe que no han regresado a la escuela, y calcula que los alumnos latinoamericanos perdieron alrededor de 170 días de aprendizaje, que es cuatro veces más alto que la media global de 40 días.

“Quizás la falta de planificación integral, o la ausencia de medidas tales como testeos generalizados en la población que permitieran identificar a las personas infectadas de forma más efectiva, puedan ser algunas de las razones de esta decisión tan estricta del cierre escolar”, dijo a Chequeado Guillermo Ramón Ruiz, doctor en Educación e investigador del Conicet.

“Sin embargo, las autoridades no logran argumentar o contra-argumentar ante el hecho de que no hay evidencia en los estudios epidemiológicos para determinar cuál es el umbral más apropiado para cerrar las instituciones escolares, ni por cuánto tiempo deben mantenerse cerrados”, señaló.

“Uno de los temas más importantes fue no contar en determinadas ciudades con transporte público o con transporte escolar, lo cual también pone en evidencia la dificultad de abrir las escuelas”, explicó Gabriela Azar, directora de Educación de la Universidad Católica Argentina (UCA). “Otra de las dificultades es la capacidad de las escuelas para cumplir los protocolos que se pactaron”, agregó.

A las dificultades del aprendizaje en casa se le suma la brecha digital existente en la región: sólo el 64% de los estudiantes tienen acceso a una computadora en sus hogares, por lo que hay un gran número de niños que no pueden acceder a las plataformas digitales de aprendizaje, según detalló un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Según los últimos datos de Unicef, el porcentaje de niños que no recibe ningún tipo de educación, ni presencial ni de forma remota, pasó del 4% al 18% en los últimos meses, y alrededor de 3 millones de chicos están en riesgo de abandonar la escuela.

“A las brechas sociales, culturales y pedagógicas, cabría sumarle el hecho de que el cierre escolar ha sido una medida con un claro sesgo hacia la escolarización urbana, y que en todos los países latinoamericanos hay regiones donde no sólo no hay conectividad sino que tampoco telefonía celular que pueda operar y esto impide el acceso a los portales educativos que se instrumentaron”, explicó Ramón Ruiz.

“A la educación a distancia se le ha sumado la complejidad de aquellos chicos que no han tenido la posibilidad de tener recursos tecnológicos para poder conectarse en tiempo real, no sólo el tema de los dispositivos sino también el tema de la conectividad”, coincidió Azar.

“Sin embargo, creo que también hemos aprendido a trabajar en otro contexto, a manejar otro tipo de permisos en términos de tiempos y entregas de trabajo, al hecho de poder sostener a todos aquellos que no han tenido oportunidad de conectarse y ver como docentes como podíamos arbitrar otros mecanismos, como el uso de WhatsApp o recursos impresos en zonas rurales o zonas muy vulnerables en donde los adultos responsables o docentes recorrían en auto las casas de los alumnos para no privarlos de la escolaridad. Creo que todo eso se ha ganado”, añadió.

Efecto Cocuyo

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